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por Arwassa

He acabado tropezando con un niño
del cual colgaba un demonio burlón llamado Tor Peza.
Este le empujaba hacia los charcos
o hacia cualquier obstáculo de su camino.
El niño se lamentaba
mientras Tor Peza reía y reía sin parar.

La gente huía perdida por las prisas,
no fuera que aquel demonio
saltara de espalda en espalda
hasta alcanzarles.

Las manos del niño son de goma
y sus palabras a veces no son lo que a él le gustaría.

Lo veo, ahora Tor Peza duerme.
Y mientras, sueña.

 
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