De como perdí la manecilla que abría mi puerta…
Parecía enferma, cada día estaba más ridícula y floja. Mi primera reacción fue de enfado: maldita puerta. Diseccioné toda la cerradura con aquel destornillador poco higiénico. Manchó mis manos con su grasa, yo dejé rodar todos sus tornillos por el suelo. Estábamos en paz.
Apareció entre mis dedos una pequeña pieza con forma de espiral, ella era la culpable. Pero mi enfado se transmutó en tristeza, estaba herida de muerte, era tan solo una víctima.
Lloré su perdida, el aire silbaba a través de la puerta una canción póstuma. Busqué y busqué una pieza como aquella, no hubo respuesta, las piezas de su especie se habían extinguido.
Tuve que cambiar toda la manivela, me sentí una sucia traidora. Yo estaba contenta con mi antigua puerta. Jamás se había apartado al ir yo a asirla.
A veces pienso que soy una vieja cascarrabias, pero no me gusta que me digan lo que se supone debo hacer.
Y justo unos instantes después ya habia vuelto a perder el guión de mi propia história….



